LA SUCESIÓN EN LA EMPRESA FAMILIAR: EL PROTOCOLO FAMILIAR

LA SUCESIÓN EN LA EMPRESA FAMILIAR: EL PROTOCOLO FAMILIAR

¿Seguirá caminando mi empresa si yo mañana, sencillamente, dejara de estar? Pregunta que, no en pocas ocasiones, ha servido de estímulo para que los empresarios de empresas familiares, comprendan la necesidad de afrontar una de las cuestiones de mayor entidad a las que se tienen que enfrentar en su vida profesional: LA SUCESIÓN. Ese momento en el que la empresa y todo lo que ella conlleva, debe abrirse a las generaciones siguientes.

España es un país con una escasa tradición en este terreno, prueba de ello es que no existe regulación específica más allá del Real Decreto 171/2007, de 9 de febrero, por el que se regula, únicamente, la publicidad de los protocolos familiares.

Desde una perspectiva netamente economicista debería entenderse que en la órbita de la conformación familiar se transmite la herencia, pero no la empresa.

Ahora bien: no es fácil; sin embargo, entre hacer y no hacer, en la mayor parte de las ocasiones se encuentra el éxito o el fracaso de una empresa; y no porque ésta no sea capaz de generar negocio, sino porque o bien los desacuerdos internos en situaciones de falta de gobierno definido, o bien porque no ha preparado con tiempo suficiente, acaban convirtiendo en un corto plazo, una compañía solvente en un claro fracaso.

Nuestra realidad diaria evidencia que la genética suele salir victoriosa frente a la razón. Por las circunstancias que sean, dificultades, imposibilidades personales como materiales, etc., resulta innegable que, cuando las empresas familiares se encuentran al frente de esta necesidad, terminan por alejarse de la profesionalización en la dirección, y la empresa que dirige el padre pasa a ser dirigida por el hijo en muchas ocasiones –demasiadas- sin antes tener formado a ese sucesor, suficientemente, para la trascendente labor a desempeñar.

La lógica más razonable debería llevar a pensar que, conscientes como son aquellos quienes levantan las empresas, las dotan de negocio, valor y futuro, de los esfuerzos y sacrificios que han tenido que hacer a lo largo de su vida para alcanzar esas cotas de éxito, llegado el momento de ceder el testigo pusieran en ello, al menos, idéntico nivel de exigencia, evitando así hacerlo de cualquier manera y sin asegurarse de que, quien vaya a ponerse a su cabeza, haya recibido la formación y preparación necesarias. Máxime si tenemos en cuenta que el mundo es global, y la competitividad mayúscula.

 

Claro ejemplo nos lo dan los resultados estadísticos1: el 53,6% de las empresas familiares de nuestro país, se encuentran en su  primera generación de la familia empresaria; el 37,2%, su segunda generación; un 7,2% en la tercera y sólo un 2% en la cuarta o más avanzadas.

No planificar la sucesión, o hacerlo de manera deficiente, es el principal problema con el que se encuentran nuestras empresas familiares; el por qué resulta bien sabido por aquellos que en un momento u otro deben enfrentarse a ella: preparación y capacitación de los sucesores, distribución de funciones, amplitud del abanico del parentesco con acceso a la empresa, relación pacífica entre familia-empresa, etc., etc., etc.

La Sucesión es un “trámite” por el que indefectiblemente se acaba teniendo que enfrentar la gran mayoría de empresas familiares. Para ello resulta esencial acometer una planificación adecuada: qué se quiere, cómo se quiere y con quién se quiere. La prevención en este camino genera grandes y directos beneficios inmediatos: organiza la

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1 Fuente: IEF

empresa y, con ello, la familia. No podemos dejar de lado que, en aquellas ocasiones en que, llegado el momento de la sucesión ésta se ha producido de forma desordenada, sin rigor ni profesionalidad, la consecuencia mimética ha sido la desaparición de la empresa, junto a una casi siempre insalvable crisis familiar.

El primero de los pasos a dar por toda empresa familiar es la creación de un “Protocolo familiar”: acuerdo o pacto que se alcanza entre la totalidad de los miembros de la familia -o grupo familiar-, propietarios de una empresa, con la finalidad de regular: los valores y principios de la compañía, el procedimiento de incorporación de los nuevos miembros así como las limitaciones en atención a los distintos grados de parentesco, las posibles transmisiones de las participaciones sociales o acciones, etc.; en definitiva, constituye la herramienta básica que establece desde un inicio el cómo va a funcionar la empresa familiar  articulando sus relaciones internas, personales y profesionales, a fin de dotarla de futuro entre las posteriores generaciones.

En Bonet Abogados creemos que la creación del protocolo familiar es fundamental para el buen futuro de toda empresa familiar; no debe percibirse como un medio para solucionar un problema, sino que, más bien al contrario, es un instrumento para evitarlo, al permitir diseñar para el día de mañana la trayectoria del negocio familiar de manera tranquila, sensata y organizada; debe considerarse como un estímulo y como una oportunidad para conseguir que, tras el esfuerzo personal y económico que todo empresario realiza para sacar adelante su empresa, nada de esta vida se pierda, sino que perviva en el tiempo, dotando de continuidad y permanencia al negocio que o bien él o bien sus antepasados crearon o hicieron crecer.

No podemos olvidar sin embargo que en este campo todavía queda mucho camino por recorrer; las empresas familiares tienen que concienciarse de la bondad de disponer, en cualquiera de los casos, de un elemento como el protocolo familiar que les ayude a afrontar ese difícil paso, como es la sucesión. Pero sólo con él, no es suficiente. Si de entrada la empresa familiar padece las mismas circunstancias que toda empresa no familiar, a aquella hay que añadirle el factor “familia”, con todo lo que ello conlleva. Por un lado, el ente mercantil se halla sometido a sus normas estatutarias y de funcionamiento societario, y por otro, se encuentra la regulación “no empresarial” necesaria que ayude a acoplar la sociedad a la familia, y viceversa; sin dejar de lado las connotaciones personales que en el marco de la relación familiar añaden un punto de singularidad que no puede dejar de contemplarse. Por ello es necesario, no sólo confeccionar un protocolo familiar eficiente y minucioso, sino también adaptar, por regla general, los estatutos de la sociedad, testamentos y regímenes matrimoniales de los miembros de la familia empresaria.

 

Jesús Bonet Sánchez

Jesús Bonet Martínez

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